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Cómo la infiltración del suelo y la deforestación agravaron las inundaciones de la Dana en la Comunitat Valenciana

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El pasado 29 de octubre de 2024, la Comunitat Valenciana sufrió una de las inundaciones más devastadoras de su historia reciente, causada por la Dana que azotó la región y dejó 229 víctimas mortales. Más allá del volumen de lluvia, expertos revelan que la saturación del suelo, la pérdida de infiltración y la deforestación fueron factores clave que transformaron la tormenta en una riada destructiva.

El suelo saturado y la menor infiltración: una tormenta que no perdona

Durante la mañana de ese día, la lluvia fue moderada y el suelo absorbió hasta el 90% del agua en áreas como el barranco del Pozalet, impidiendo que la mayor parte del agua llegase a los cauces. Por la tarde, el panorama cambió radicalmente: el suelo ya saturado perdió capacidad de infiltración, que cayó a apenas un 15%. Así, la tromba de agua arrojó directamente un caudal voraz a las cuencas, generando inundaciones relámpago.

Antonio Jiménez, director de Estudios de Agua y Medio Ambiente del CEDEX, explica que esta reducción en la infiltración se debió no solo a la saturación previa, sino también a la intensidad y volumen de las precipitaciones vespertinas. En total, solo entre un 25% y un 30% de la lluvia diaria logró infiltrarse en el terreno.

Deforestación y erosión: el daño invisible que intensificó la riada

La sequía prolongada antes de la Dana causó una importante mortandad de árboles, dejando numerosos montes sin cobertura vegetal. Esto incrementó la escorrentía y la erosión, factores que, sumados, aumentaron el riesgo de desbordamientos y arrastre de sedimentos.

Los sedimentos arrastrados por la velocidad del agua elevaron la carga sólida en las corrientes. Un estudio de la Universitat Politècnica de València estimó que hasta el 30% del caudal en la rambla del Poyo correspondía a sedimentos, volumen corroborado por el CEDEX, que detectó concentraciones de hasta 300 gramos de sedimento por litro de agua, cifras que superan ampliamente la experiencia profesional habitual.

Para contrarrestar estos efectos, el plan de recuperación post-Dana incluye una inversión de varios millones en reforestación y restauración hidrológico-forestal, que buscan consolidar la cubierta vegetal, mejorar la infiltración y reducir la erosión y el transporte de sedimentos.

Repensar el urbanismo tras la inundación

El impacto de la Dana en las zonas urbanas también llevó a varios municipios a revisar sus planes urbanísticos. Localidades como Sedaví, Massanassa, Algemesí, Albal y Alaquàs han adoptado medidas para limitar o prohibir la construcción de viviendas en plantas bajas en áreas con riesgo de inundación.

Estas decisiones, apoyadas en un decreto ley autonómico y legislación estatal, buscan evitar que la próxima riada cause daños similares. Además, se están elaborando planes locales de acción urbana con financiación específica para mejorar la resiliencia y seguridad de los entornos afectados.

La combinación de restauración ambiental y reformas urbanísticas pretende no solo reparar los daños generados por la Dana, sino también crear ciudades más preparadas para futuras lluvias extremas.

En definitiva, la lección clave es que no basta con obras hidráulicas para contener el agua: la naturaleza del suelo y el estado del ecosistema forestal son tan decisivos como cualquier infraestructura para evitar tragedias similares en el futuro.

Fuente: Estudios del CEDEX, Generalitat Valenciana, Ministerio de Transición Ecológica y Universitat Politècnica de València.