En octubre de 2024, la Dana -una tormenta que dejó 229 víctimas y devastación en Valencia- no solo arrasó calles y hogares, sino que también sacudió la economía local. Meses después, los datos muestran un aumento discreto pero claro en la deuda de hogares y empresas afectadas y un mayor riesgo de impagos, según un informe del Banco de España.
Primeros signos meses después
El impacto financiero tardó en manifestarse. Mientras que para las familias el aumento de crédito se notó en diciembre de 2024, para las empresas afectadas este cambio llegó a partir de febrero de 2025. En esa fecha, las empresas solicitaron un 2% más de crédito comparado con otras similares en zonas no afectadas, posiblemente por la apertura de nuevas líneas de financiación.
Un riesgo creciente pero controlado
El informe distingue dos categorías de riesgo:
- Créditos en "vigilancia especial": préstamos sin impago, pero con riesgo creciente. Aquí, tanto empresas como hogares afectados aumentaron en torno al 4% este tipo de créditos tras la Dana.
- Préstamos en "riesgo dudoso": aquellos con retrasos mayores a 90 días, donde aumentaron un 3,4% para empresas y hasta un 9,1% para hogares desde enero de 2025.
Aunque estas cifras alarman, el estudio subraya que el impacto aún es contenido, dado que las exposiciones de crédito vinculadas a la Dana representan una fracción pequeña del total nacional. Además, las ayudas públicas juegan un papel crucial para evitar un deterioro mayor.
Comparación con el terremoto de Lorca
Para prever el futuro, el informe recurre a la experiencia del terremoto de Lorca en 2011. Allí, un año después del desastre, entre el 15% y 20% de los negocios seguían cerrados, y las ventas cayeron hasta un 40%. La morosidad empresarial se incrementó y alcanzó su punto máximo cuatro años después.
No obstante, los autores insisten en que la Dana y el terremoto son eventos distintos, tanto en su impacto como en la respuesta pública. La amplia movilización de recursos tras la Dana puede favorecer una recuperación más rápida y ligera en la calidad crediticia.
Aún queda mucho por monitorear
El estudio, que abarca datos hasta febrero de 2025, advierte que la gestión de la crisis financiera derivada sigue en curso. El seguimiento cercano de esta evolución será clave para anticipar y reducir posibles riesgos futuros para las familias, las empresas y la estabilidad financiera regional.