El Perelló, un tranquilo municipio costero de la Ribera Baixa, se enfrenta cada verano a un aumento masivo de población que multiplica por diez sus habitantes censados. José Codoñer, alcalde y líder del partido independiente L'Alternativa El Perelló, detalla los retos de gestionar este fenómeno, especialmente tras la emergencia de la ola de calor y la catástrofe medioambiental provocada por la Dana.
Turismo de proximidad y recursos limitados
Con 2.168 habitantes registrados, El Perelló ve crecer su población hasta superar las 25.000 personas en los meses estivales. La mayoría de visitantes proviene de localidades cercanas como València o Algemesí, buscando playas, huerta y tranquilidad. Sin embargo, muchos veraneantes no se empadronan, lo que limita los recursos para servicios esenciales como policía y sanidad.
“En verano tenemos recursos básicos que dependen de Sueca, el municipio al que pertenecemos. Pero la población crece diez veces y los recursos no se ajustan”, explica Codoñer. La lucha para mantener dos médicos fijos y una base de ambulancia refleja la presión sobre los servicios locales.
Impacto ambiental y urbanístico post-Dana
La Dana dejó enormes cantidades de cañas arrastradas al mar que aún retornan a las playas tras cada temporal. El ayuntamiento realiza limpiezas continuas, pero el problema podría tardar años en resolverse del todo. Además, El Perelló sufre la erosión costera agravada por la actividad del Puerto de València y la masificación urbanística sin planificación, como recuerda el alcalde: “Se construyó una torre a apenas 200 metros del mar, y eso ahora tiene consecuencias.”
El gobierno central prepara un aporte de arena para 2026 similar al realizado en El Saler, aunque el equipo municipal apuesta por soluciones naturales como arrecifes y dunas para proteger la costa a largo plazo.
Un modelo turístico que busca desestacionalización y equilibrio
El turismo del municipio ha evolucionado desde un modelo estacional centrado en verano hacia una apuesta por el turismo durante todo el año. “Creamos un logotipo para mostrar que El Perelló es más que playa en verano: tenemos l’Albufera, huerta y cultura,” explica el concejal de Turismo, Ximo Collado.
El turismo aquí es familiar y de proximidad, con apartamentos gestionados mayoritariamente por residentes locales que los mantienen en buen estado y sin causar molestias. La bonanza turística no ha provocado grandes conflictos, pero el ayuntamiento vigila para evitar masificación y garantizar la convivencia.
Movilidad y servicios: pendientes de mejoras
La línea 25 de la EMT conecta El Perelló con València y funciona incluso de noche, facilitando la movilidad de residentes y visitantes. No obstante, las paradas en El Perellonet carecen de sombra y protección, lo que resulta incómodo en verano durante la intensa temporada turística.
Además, el acceso limitado a transportes hacia el Hospital de la Ribera preocupa a mayores sin vehículo propio. La conexión con otros municipios cercanos sigue siendo una reivindicación pendiente del ayuntamiento.
El chiringuito Mumbai y la convivencia en la playa
El popular chiringuito del Perelló ha generado debate por cuestiones de ruido, pero el consistorio defiende su permanencia. “Queremos que el chiringuito funcione con actividad y música en directo, pero siempre cumpliendo la normativa,” dice Collado. La concesión depende de Costas, y el ayuntamiento trabaja para gestionar sus licitaciones dentro de un marco legal y de respeto para todos los usuarios de la playa.
En resumen, El Perelló navega entre la presión del turismo masivo, los retos ambientales y la gestión de recursos limitados mientras aspira a consolidarse como un destino sostenible y equilibrado que respeta su entorno y su comunidad.